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viernes, 5 de julio de 2013

¿Infieles por naturaleza o no?



En los programas de farándula utilizan hasta detectores de mentira para pillar las infidelidades de personajes mediáticos. En el mundo político las cosas son más solapadas –hay mucho en juego, especialmente en un año electoral como el 2013- y los rumores que tal o cual candidato tiene amante y esposa solo de fachada, no alcanzan a llegar a las pantallas o a las letras de molde. 

Sin embargo, que la infidelidad existe, existe. Una encuesta dada a conocer a inicios de abril por el portal separados.cl indicó que, cada hora, 28 parejas chilenas inician su separación legal y que, en 7 de 10 casos, la causal es la infidelidad. Y dentro de ésta, la infidelidad femenina sería la que genera el 61% de los divorcios en Chile... 

Para mi libro “Amores inconfesables”, hice una encuesta de opinión entre los santiaguinos que arrojó datos interesantes sobre el tema. Tengo la certeza, sin embargo, que hay cifras negras y que la realidad es más contundente que los números, como lo esboza la medición de separados.cl. En todo caso, el tema tiene siempre plena vigencia. Por ello, quiero recordar los datos del estudio realizado por la empresa Research entre santiaguinos casados (con o sin ley) de entre 18 y 55 años, de todos los sectores sociales. 

Ante la pregunta clave –se nace o se hace-, un 60% dijo creer que la “tendencia natural” del ser humano es hacia la infidelidad. Entre las razones esgrimidas por las mujeres para pensar así, fue mayoritaria la alternativa “siempre vemos infidelidad” (16%) y “hay poca comunicación en la pareja” (13%), respuesta que entre los hombres solo obtuvo el 3%… Las alternativas más votadas entre los varones fueron “el hombre busca las aventuras” (21%) y “somos así por naturaleza” (20%). 

Respecto del momento en que una infidelidad comienza, los consultados opinaron en forma mayoritaria (45%) “en el pensamiento”. La alternativa “la infidelidad empieza en los besos y caricias” obtuvo un 21% entre las mujeres y un 16% entre los hombres y la variante “empieza en el sexo”, fue votada por el 8% de las mujeres y el 6% de los hombres. 

También se indagó en qué se consideraba infidelidad. Un 43% de los encuestados respondió: “Pensar y fantasear con distintas personas”. Lo mismo, pero “con una persona determinada” constituyó infidelidad para el 61%. “Pensar en otra persona al estar con la pareja”, fue sinónimo de infidelidad para el 74%. 

Ante la pregunta “¿quiénes son las personas más expuestas a ser infieles?”, las respuestas fueron concisas: Un 17% dijo "los hombres", siendo más votada esta afirmación por las mujeres; "los matrimonios con problemas", coincidió un 16%; "las personas que se relacionan con mucha gente" fue elegida `por un 13%, opción que fue más votada por los hombres. Frente a estos datos, surge la reflexión: ¿la respuesta de las mujeres proviene de su experiencia y la de los hombres de su inseguridad? 

Al pedir a los entrevistados que manifestaran su acuerdo o desacuerdo respecto del tipo de persona que, supuestamente, está más expuesta a ser infiel, las respuestas más relevantes fueron: “hombres cuya esposa es frígida” (87%); “quienes ya han sido infieles” (86%); “aquellos con cónyuges que no pueden tener sexo” (85%); “mujeres que su marido las deja mucho tiempo solas” (80%). Curiosamente, la alternativa con menor votación fue “los que llevan mucho tiempo de matrimonio” (21%). 

¿Cómo se vive la infidelidad? fue otra de las consultas. Y aquí se dio una diferencia interesante: más hombres (23%) que mujeres (16%) dijeron que una aventura de vez en cuando, sin que la pareja se enterara, hacía bien a la relación… 

Respecto de situaciones que atañen a la infidelidad femenina, un 90% (hombres y mujeres por igual) dijo estar de acuerdo con la afirmación “en general, lo que lleva a las mujeres a la infidelidad no es la insatisfacción sexual, sino la mala comunicación con su marido y la falta de consideración y atención que él le brinda". Otras alternativas muy compartidas fueron “cuando las mujeres son infieles saben hacerlo y ocultarlo mejor" (75%), “las mujeres son tan infieles como los hombres" (68%) y “las mujeres cuyo único hombre ha sido su marido es muy poco probable que lleguen a ser infieles" (65%). La alternativa que señala que las mujeres “sabe hacerlo y ocultarlo mejor” resonó más en las propias mujeres ya que los porcentajes fueron 78% de mujeres contra 72% de hombres… 

Sobre la infidelidad masculina, la alternativa más votada fue “muchos hombres son infieles por una necesidad de vivir probándose y afirmándose en sus capacidades, es decir, inseguridad", afirmación con la cual coincidió el 92% de las mujeres y el 84% de los hombres. La frase: "Es muy frecuente que los hombres sean infieles cuando su mujer está embarazada o durante el post parto", también hizo sentido en el 51% de las mujeres y en un 38% de los hombres. 

Cuando se preguntó "¿en qué porcentaje de matrimonios cree usted que ha ocurrido infidelidad de hecho en, al menos, uno de los cónyuges, aunque sea solo una vez?", la respuesta promedio fue contundente: "en el 65%". Y frente a la pregunta: "¿Conoce a alguien que nunca le haya sido infiel a su cónyuge?", un 69% dijo que sí. Sin embargo, al preguntar quién era esa persona, solo un 16% respondió "Yo", respuesta que dio un 8% de los hombres y un 25% de las mujeres… 

A falta de fidelidad, infidelidad “responsable”


Si usted es de aquellos que piensan que "una no es ninguna", le conviene saber que, si en un mes usted tiene relaciones sexuales con solo dos personas y, luego, cada una de ellas con otras dos (y así sucesivamente), al cabo de 15 meses, la última persona de la cadena sexual que usted inició ha tenido –en forma indirecta– 8.250 posibilidades de contagiarse de Sida...

Es cierto, se trata de un ejercicio "teórico". Pero la aparición del virus VIH, que sólo enferma al ser humano, no es teoría: ya ha llevado a la muerte a cerca de 30 millones de personas en todo el planeta y mantiene a aproximadamente otros 40 millones viviendo con el virus. Asimismo, existe una tendencia al aumento del mal en mujeres, en heterosexuales y en personas de escasos recursos. 


En Chile, han fallecido más de 6 mil personas debido al Sida y habría unas 40 mil infectadas. El cambio que muestra el fenómeno a nivel mundial también se da en Chile: los grupos más afectados ya no son homosexuales y prostitutas. El SIDA es un problema que puede afectar a cualquiera. 

La aparición de la enfermedad ligó, sin atenuantes, la conducta afectiva y sexual del ser humano a la muerte. Como su forma principal de contagio es la relación sexual, las relaciones amorosas no son, ni volverán a ser nunca lo mismo, o al menos, por un tiempo aún desconocido, pero ciertamente incierto. 



Antes, la fidelidad o la infidelidad eran decisiones personales y libres. Pero hoy, la infidelidad más que una conducta que pueda generar sanción moral o aplauso social, dependiendo del cristal con que se la mire, es un acto que puede tener dramáticas consecuencias. 
Quien opta por no tomar precauciones –aunque sea infiel una sola vez y esté seguro que no "hace mella" a su relación de pareja– está poniendo en riesgo su vida, la de su pareja y la de toda persona a la que decida incluir clandestinamente en su vida sexual. 

El miedo inicial a contraer Sida no cambió significativamente la práctica de la infidelidad. Pareciera que es difícil tomar conciencia de que la única forma de prevención absolutamente segura es la exclusividad sexual mutua y permanente. Algo que se supone existe en las parejas estables, los matrimonios por ejemplo. Pero si no se da la condición señalada, por muy “estable” que sea la unión, el peligro siempre estará presente. Por ejemplo, una “canita al aire” sin condón es una conducta de alto riesgo. Y entre los adultos infieles, hombres y mujeres, la tendencia es no tomar precauciones cuando se relacionan con personas "como ellos"… 


Decir "tengo pareja estable" conlleva la idea de fidelidad. Pero dada las cifras negras de infieles, no tiene sentido como medida preventiva y es absurdo como argumento para no tomar medida alguna porque todos sabemos que el concepto "pareja estable" no significa que no existan affaires, ocasionales o permanentes. Asimismo, el que uno de los miembros de la pareja declare que tiene "pareja estable", no asegura nada respecto del otro. Según las estadísticas, al menos la mitad de las mujeres con Sida son dueñas de casa casadas. Es decir, con pareja estable… 

Las cifras hablan de un crecimiento en la transmisión del Sida vía relaciones heterosexuales. El riesgo de un “desbande” va aparejado con una eventual y masiva llegada de la enfermedad a la población heterosexual y juvenil… 

En el caso de las mujeres, está ocurriendo. A inicios de los ‘90, la mayoría de los heterosexuales que vivía con el virus (89%) eran hombres. Actualmente, un 50% de las 34 millones de personas que viven con VIH son mujeres (y en América Latina suman el 36%). 

Aunque las cifras globales de contagio han bajado, en el mundo cada 15 segundos se contagia una persona. Y en Chile (y el mundo) ha aumentado el riesgo para las mujeres, producto de la estigmatización, la discriminación y la violencia que las afecta de manera desproporcionada. La mujer es más contagiable que el hombre, no solo por razones biológicas sino por su incapacidad de "negociación sexual" en una sociedad machista.

Es claro que el problema no es fácil y moralizar sobre él no es lo adecuado. Sin embargo, hay una conducta que no debería persistir entre los infieles: no tomar medida alguna de prevención. Tal como la “paternidad responsable”, tal vez debería instalarse el concepto (y la práctica) de la "infidelidad responsable"… ¡Cuantas mujeres podrían salvarse de ser contagiadas por sus estables maridos en sus estables matrimonios! ¡Cuantas estables parejas podrían ahorrarse el drama de desestabilizar su vida y la de sus hijos a causa de una cruel, onerosa y evitable enfermedad!

La Infidelidad



No es posible establecer los mecanismos "psicológicos” de la infidelidad porque no existen factores universales que la expliquen. Entender cómo se desencadena una infidelidad es complejo. Sin embargo, la experiencia terapéutica nos permite sacar variadas conclusiones. Caso a caso, podemos descubrir los mecanismos que han actuado en su inicio, mantención o término. 

Por ejemplo, que las rupturas conyugales no son producto de una infidelidad sino de una relación gastada, de muy mala comunicación. Según el psicólogo Alfonso Luco, "cuando hay una situación de impasse, de pugna, la relación extraconyugal es como un reventón, un síntoma, una consecuencia. Muchas veces, incluso, el infiel deja las evidencias para que lo pillen”.

O que el mito de la “media naranja” es solo eso. No es verdad que la pareja pueda llenar todas nuestras necesidades de afecto, comprensión y comunicación. En la mayoría de los casos, esta creencia se frustra en la vida cotidiana. No porque la pareja esté mal orientada sino porque es un error pretender que otra persona calce con nuestra inmensa gama de necesidades y matices. Más erróneo es pretender que no existe alguien, distinto al cónyuge, que pueda calzar mejor con dicha gama.


El sentido de propiedad también sería, al menos en nuestra cultura, un factor importante en el desarrollo de la infidelidad y en cómo se la vive. Si somos objeto de una infidelidad, nos sentimos despojados de algo que nos "pertenecía". Es como si nos robaran el auto sin tenerlo asegurado. Si somos nosotros los infieles, nos negamos a aceptar que nuestro cónyuge haga lo mismo. Por ello, parte del sentimiento de hecatombe se fundamenta en el metamensaje que nos entregan al casarnos: adquirimos un bien que nos durará "para toda la vida". Pero el amor no trae garantía… 

Otra conclusión es que los mensajes contradictorios con los que nos bombardean promueven la infidelidad pero son muy dañinos. Por un lado, se nos enseña que "lo bueno" es ser fiel pero junto a ese valor social explícito, coexiste el mensaje implícito, contrario. Culturalmente, se sanciona la infidelidad pero, al mismo tiempo, se incita a practicarla. Según Alfonso Luco, este tipo de señales son dañinas porque provocan culpa y generan ambivalencia y angustia. 


“El que valgan lo mismo dos sentimientos que debieran oponerse provoca conflictos severos, los que son más serios mientras más se profesen los valores que impone la sociedad”. Las personas de valores muy rígidos luchan por ganarle a la tentación, lo que acentúa la culpa. En todo caso, añade, tener valores rígidos no impide que se transgredan. “Pero al hacerlo, las infidelidades son más destructivas y, a veces, más sórdidas porque es más difícil integrarlas”.

El vistazo por el ojo de la consulta también nos permite concluir que las mujeres son menos disociadas. Por ello, cuando son infieles, tienden a involucrarse afectivamente (y a separarse más que los hombres). Ellos, en cambio, tienen incorporada socialmente la disociación, por lo que son más capaces de ser infieles sin compromiso afectivo y, si ven que se están enamorando, se retiran. La insatisfacción sexual le sirve al hombre para justificar su infidelidad pero no para concretar una ruptura matrimonial. El hombre tiene una suerte de resignación frente a la mala relación, sexual o afectiva. Para él, no es un factor importante para separarse, sí para ser infiel. 

Culturalmente, también se da la creencia que la mujer no tiene necesidades sexuales inminentes y el hombre sí. Quizás por esta razón, las mujeres perdonan una infidelidad en mayor proporción que los hombres. Lo hacen por razones emocionales y también prácticas (por ejemplo, económicas) o porque tienen internalizado que el hombre tiene derecho a “consumir” más mujeres. Y muchas veces actúan como el ciego que no quiere ver. Mientras no se les desorganice la vida y mientras no se las dé "por enteradas", prefieren no ver la infidelidad. Aunque sospechen muchos más de los hombres que ellos de ellas… 

También se puede observar que la infidelidad en las mujeres ha aumentado considerablemente. Podría deberse a la reivindicación de sus derechos, lo que incluiría el “derecho a ser infiel”. O la búsqueda de más y mejor afecto. Hace 40 0 50 años, a los hombres les costaba concebir la infidelidad femenina. Hoy, como señala la psicóloga Andrea Rodó, “las mujeres son infieles cuando sienten que han dejado de existir para sus esposos y no logran sentirse gratificadas afectivamente, reconocidas y amadas, no solo en la intimidad, sino también en la convivencia cotidiana. La mujer busca en el acto sexual no solo el placer sino un espacio afectivo y de reconocimiento”. 


No necesariamente busca un amante. 




Al ser infieles, las mujeres son más cuidadosas. Tratan de pasar inadvertidas. Y serían aquellas de escasos recursos quienes lograrían resguardar mejor sus secretos en los hombres, en tanto, las infidelidades son más casuales, menos trascendentes. Más bien, obedecen a una necesidad de probar su virilidad, dándose un porcentaje importante de la infidelidad masculina durante el embarazo y el post parto de su mujer. 
Asimismo, podemos concluir que las mujeres temen poco a la comparación. El hombre es más frágil en su seguridad primaria, por ejemplo, en el porte de su pene, en "cómo hará el amor el otro". Por ello, muchos no dan importancia a la profundidad del sentimiento, sino al si hubo o no sexo. Puesto gráficamente, la pregunta planteada por el hombre a la infiel sería: "¿Te acostaste con él?". En tanto la pregunta de la mujer engañada sería: "¿Te enamoraste de ella?"

Finalmente, otra conclusión es que, en la infidelidad, lo que más duele es la traición, el engaño. Una frase que se escucha mucho en la consulta es "no me importa tanto que lo haya hecho como que no me lo haya contado”. Pareciera ser que si el sentimiento se comunicara, el otro ya no lo viviría como infidelidad…¿Será verdad?