sábado, 8 de junio de 2013

Ferrer busca su hueco en la historia

Ferrer golpe la bola en un lance de las semifinales ante Tsonga. / EFE / Ian langsdon

El de Xàbia se juega ante Nadal la opción de ganar en París su primer Grand Slam

Lleva toda una vida esperando este momento. A David Ferrer le llega con 31 años la posibilidad de conquistar su primer Grand Slam y completar de este modo un currículo envidiable, al que sólo le faltaría para haber tenido más lustre no coincidir en el tiempo con uno de los mayores caníbales de la historia del deporte, su hoy rival sobre la tierra batida parisina Rafa Nadal.

A las puertas de la cuarta fiesta del tenis español en la historia de Roland Garros, el rey de esta superficie y uno de sus posibles sucesores -dos amigos- quieren pasar a la historia. En realidad el que desea abrir sus puertas de par en par es el coloso de Xàbia, ya que Nadal hace mucho tiempo que luce la etiqueta de leyenda.
Los currículos de uno y otro dicen una cosa y las sensaciones y el nivel, otra. Que Nadal es favorito lo sabe todo el mundo. Un tenista que busca convertirse en el primer jugador que gana ocho veces un Grand Slam -sería el duodécimo de su colección- y que puede conseguir su triunfo número 59 en Francia siempre debe tener esa vitola. Y, siempre en el plano teórico, más favorito todavía debería parecer si se enfrenta a un tenista que va a cumplir su sueño de jugar la primera final en un 'Major' y al que ha ganado las últimas 15 veces en tierra batida (hace ya nueve años del único triunfo de Ferrer sobre Nadal en arcilla).
Pero eso es lo que dictan las cifras, estadísticas 'a priori' y antecedentes. Sin embargo, los números contrastan con el nivel mostrado por ambos. En este apartado no hay diferencias siderales ni retos quiméricos. Continúa habiendo un favorito, pero con muchas más opciones para su rival. Ahí están los dos últimos partidos entre Rafa y David en Madrid y Roma, que tuvo en sus manos el valenciano y que se resolvieron por la mínima. Ahí está el historial de uno y otro en este Roland Garros. En el caso de Nadal viene de ganar al número uno del mundo en una batalla extraordinaria y extenuante. 
Y precisamente por ahí se le puede abrir una vía a David Ferrer, que llega sin desgaste, sin ceder una sola manga y en el mejor momento de su carrera. La exhibición ante Tsonga en territorio francés confirma que el javiense tiene hoy una ocasión única de lograr ese triunfo con el que tanto ha soñado.
El siete veces campeón en París ha conseguido ir de menos a más en el torneo. Las dudas iniciales han dado paso a la confianza: «Llegaron rivales de nivel alto y he conseguido responder con un nivel alto. Esto quiere decir que la cabeza está fresca para asumir retos, buscar soluciones, pelear y estar atento a lo que pueda venir», afirmó el balear. «No ha perdido ningún set, juega extremadamente bien, perfecto. Yo también tengo que jugar perfecto. Lo voy a intentar. Será un día grande para nuestro deporte en España», analizó el de Manacor en la rueda de prensa previa a la final, donde confirmó que no va a jugar el torneo de Halle. 
París se frota las manos ante un espectáculo incomparable, el broche de oro a un gran Roland Garros que ni siquiera la lluvia quiere perderse. De hecho la final se disputará siempre y cuando el cielo lo permita, ya que anuncian precipitaciones débiles a la hora del partido (15 horas, Telecinco).

La presión va con Nadal

«David Ferrer no tiene nada que perder», desliza Félix Mantilla, semifinalista en Roland Garros en 1998. «Está en un momento impresionante. La presión que tiene es cero. Él ya ha cumplido», añade Jordi Arrese, excapitán español de la Copa Davis. Pero enfrente hay un jugador descomunal: «De entrada, Rafa ha demostrado que es el mejor tenista de la historia sobre la tierra batida. Si Rafa está a su mejor nivel sólo puedes darle la mano y decirle 'bien jugado'. Aparte de Djokovic, en tierra no hay un jugador que esté a su nivel», explica Mantilla.

¿Qué tiene que hacer 'Ferru' para defender sus opciones? «Si David empieza bien, llevando la iniciativa, agresivo y dominando los puntos, tendrá más posibilidades. Tiene que dominar con la derecha, tirar al revés y paralelos, porque si no Rafa coge su derecha y domina más. También tiene que ser agresivo con el resto. Y sobre todo, ser valiente», comenta Mantilla.

«Rafa va a intentar sacarlo de la pista y tenerlo en el fondo, con cambios de altura y pegando 'palos'. Y Ferrer va a intentar jugar dentro, no perder pista y romperle el ritmo con dejadas y subidas, sin dejarle espacios. A cinco sets con Nadal hay que romperle el ritmo y no pasar mil bolas, no le interesa», completa Arrese.

Éxito del tenis español

Es obvio que Ferrer, el finalista de mayor edad de los últimos 40 años, está ante un momento difícilmente repetible. Tras una carrera repleta de 'casis', de finales y de títulos perdidos ante Nadal, el balear no escatimó halagos para su rival: «David es un gran jugador que en toda su carrera ha merecido más de lo que ha tenido, pero su recompensa va llegando. Se lo merece más que nadie por su actitud, por su no rendición a la hora de ir mejorando su tenis. Si pierdo, a la larga estaré feliz por él. Sé que es una buena persona».

Pase lo que pase en la cuarta final española de toda la historia en París, hay dos cosas aseguradas: los nervios y el éxito del tenis español. «Tener nervios es bueno porque significa que te importa el partido. La emoción va a aparecer, como las ganas y la ilusión de estar en la final y vivir el momento. Eso es algo que le está pasando a David y que le lleva pasando mucho tiempo a Nadal», resume Mantilla.

Tanto si la final de hoy se salda con la octava conquista del de Manacor o si por el contrario depara el primer Roland Garros del de Xàbia, lo que ya está claro es que el campeón levantará la decimosexta Copa de los Mosqueteros española, decimotercera en los últimos 20 años, a las que hay que sumar los tres triunfos de Arantxa Sánchez Vicario en el cuadro femenino. Una muestra de la supremacía que el tenis español ha adquirido sobre la tierra batida de París en los últimos años.

Creado en 1891, el torneo tardó 70 años en tener un vencedor español, estela que abrió Manolo Santana en 1961, triunfo que repitió tres años más tarde. Hubo que esperar a 1972 para que un veterano, Andrés Gimeno, volviera a izar la bandera española en el estadio parisiense con su triunfo contra el francés Patrick Proisy. A las puertas se quedó Manuel Orantes en 1974, cuando perdió la final frente al sueco Björn Borg.

La siguiente victoria se produjo en los años 90. En 1989 Arantxa Sánchez Vicario se alzaba con el triunfo en el cuadro femenino, primero de sus tres gestas en París, que fue precursor de la edad de oro del tenis español en la tierra batida parisiense.

Cuatro años más tarde, Sergi Bruguera derrotaba en la final al estadounidense Jim Courier, que había ganado las dos anteriores ediciones. Al año siguiente, el catalán repitió triunfo, esta vez contra el también español Alberto Berasategui en lo que fue la primera de las hasta hoy tres finales españolas en el Grand Slam francés. Bruguera volvió a disputar el partido por el título en 1997, pero cayó contra el brasileño Gustavo Kuerten.

Al año siguiente se vivió la tercera final totalmente española, con Albert Costa y Juan Carlos Ferrero en pista y un triunfo del primero en cuatro sets. Ferrero se sacó la espina al año siguiente, cuando derrotó en la final al holandés Martin Verkerk para convertirse en el sexto español en alzarse con el trofeo y dar a la Comunitat Valenciana su primera corona. Hoy podría llegar la segunda de la mano de David Ferrer.

Ferrer, ¿el octavo campeón?

Dos años más tarde se produjo la eclosión de Nadal, que ha ganado siete de las últimas ocho ediciones. Si esta tarde lograse su octavo título se convertiría en el tenista que más veces ha conquistado un mismo Grand Slam. Por su parte, si el vencedor fuera Ferrer su nombre pasaría a ser el del octavo tenista español que gana el título masculino de Roland Garros.

No sería ninguna casualidad. El de Xàbia está practicando su mejor juego. No perdió un solo set en sus seis partidos anteriores a la final, con 110 juegos a favor y apenas 40 en contra. Transitaba por la misma parte del cuadro que Roger Federer, ganador en 2009, un jugador al que nunca ha derrotado, pero con el suizo pasando por un mal momento físico y deportivo estaba en condiciones de vencerle esta vez, aunque al final no se vieron las caras.

Todo el mundo destaca la solidez mental de Nadal, algo indiscutible, pero el poder de concentración de Ferrer es absoluto. O sea, que entre la técnica de los mejores tenistas sobre tierra batida del mundo y dos cabezas bien puestas se puede vaticinar un partido por todo lo alto.

Eso sí, el primero domina claramente el mano a mano personal entre ellos por un categórico 19-4, aunque, precisamente, el último triunfo del segundo fue en cuartos de final de un Grand Slam, en el Abierto de Australia de 2011, donde ganó en tres sets con soltura, si bien su compatriota acaba de derrotarlo en Roma sobre arcilla en un muy buen encuentro.

«Para mí es un sueño estar en la final de Roland Garros, éste es un torneo muy especial para mí, y también mi primera final en un Grand Slam (...) Contra Rafa voy a jugar a tope, y espero que el público disfrute de un muy buen partido», indicó Ferrer. La Comunitat Valenciana mira hacia París.

La campeona femenina admira al valenciano

Serena Williams, que logró ayer su segundo título de Roland Garros y el decimosexto Grand Slam de su carrera al vencer a Maria Sharapova por un doble 6-4 , desveló su admiración por el tenista de Xàbia. «Nadal es una leyenda, pero me encanta la ética de trabajo de Ferrer». La estadounidense, quien se declaró «una parisina más», lleva 31 partidos sin conocer la derrota.

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